Cáncer de esófago

Síntomas del cáncer de esófago y diagnóstico

En general, en las fases más tempranas de la enfermedad el paciente no presenta síntomas, o éstos son mínimos.

Uno de los síntomas más frecuentes por los que el paciente acude al médico, es la dificultad para tragar, que comienza para sólidos y progresa lentamente hasta que también aparece dificultad para tragar líquidos. Otros síntomas son la pérdida de peso no justificada, así como la falta de apetito (anorexia) y el cansancio (astenia).

En ocasiones, puede aparecer tos, regurgitación o vómitos, afonía, sangrado y anemia ferropénica.

 

Tras la sospecha clínica, el médico solicitará una serie de pruebas que le permitirán confirmar o descartar la existencia de una lesión tumoral en el esófago.

El estudio completo se realizará mediante las siguientes pruebas complementarias:

  • Analítica sanguínea: Hemograma, función renal y hepática.
  • Esofagograma de bario: El paciente ingiere durante la prueba un contraste por vía oral (papilla de bario) que permite, mediante rayos X, definir el contorno del esófago y valorar si existe alguna alteración irregular en la pared del esófago que pueda hacer sospechar la existencia de un cáncer.
  • Endoscopia digestiva alta con toma de biopsia: Consiste en introducir por la boca un tubo largo y flexible con una luz en su extremo (endoscopio) que permite visualizar la mucosa del esófago. En el caso de observarse alguna lesión sospechosa sería posible tomar una pequeña muestra de la misma (biopsia) para posteriormente estudiarla bajo un microscopio. No es una prueba dolorosa, aunque sí puede resultar molesta, por las náuseas que suele provocar el paso del endoscopio por la garganta. Para reducir los síntomas, el endoscopista aplica un anestésico en forma de aerosol, en la zona de la garganta o se realiza una sedación durante el procedimiento. Para hacer esta prueba, es preciso que el paciente esté en ayunas al menos 6 horas antes y es recomendable que no ingiera alimentos hasta dos horas después de su realización.

 

Una vez que se ha confirmado el diagnóstico de un cáncer de esófago, es necesario determinar la extensión de la enfermedad. El médico solicitará una serie de pruebas que permitirán precisar la afectación local y a distancia del tumor y determinar, con mayor precisión, el tratamiento más adecuado.

Tomografía computerizada (TAC o scanner):
Exploración con rayos X para descartar fundamentalmente la existencia de adenopatías (ganglios aumentados de tamaño) en el tórax y próximas al esófago (para-esofágicas) y descartar metástasis a distancia en otros órganos.
Eco-endoscopia
A través de una sonda que se introduce en el esófago y mediante ultrasonidos, es posible obtener una gran cantidad de información sobre la afectación, en profundidad en las capas del esófago. Se utiliza en pacientes candidatos a cirugía o como complemento a la tomografía.
PET-TAC
Exploración por tomografía con emisión de positrones. Es un procedimiento diagnóstico en el que se inyecta un contraste que contiene glucosa radioactiva, que se fija en los tumores malignos, pudiendo dar información sobre la actividad de la lesión. Es muy útil para completar el estudio de extensión y descartar tanto afectación ganglionar como a distancia.