Cáncer de recto

Diagnóstico del cáncer de recto

  • La exploración física es fundamental, para distinguir signos de anemia, así como la palpación de una masa abdominal. El tacto rectal es imprescindible en el cáncer de recto.
  • La medición de la concentración sérica del antígeno carcinoembrionario (CEA) sirve para hacer una evaluación pronóstica y determinar la respuesta al tratamiento.
  • El test de sangre oculta en heces: se recogen heces tras tres días de una dieta sin carne y se estudian en un portaobjetos con un microscopio. La ventaja fundamental de este test es que es fácil y rápido de realizar, sin embargo, la desventaja es que tiene falsos positivos (existencia de sangrado en las heces pero que se demuestra por otras pruebas complementarias que no es secundario a un cáncer colorrectal sino a una patología inflamatoria, hemorroides, etc.) y falsos negativos, es decir, no se observa sangrado en heces pero puede existir una lesión que en ese momento no esté sangrando.
  • Colonoscopia y sigmoidoscopia: previa preparación intestinal para evitar residuos en el recto con laxantes, se introduce por el ano un colonoscopio, que es un tubo largo y flexible con una cámara con luz en su extremo. Permite la visualización directa y progresiva de las diferentes partes del recto y colon, introduciendo aire en el mismo durante su realización para poder distender el recto y colon y así, visualizar las paredes. Se puede realizar mediante sedación, para evitar las posibles molestias derivadas de su acto. La ventaja más evidente es que permite estudiar todos los tramos del intestino grueso, visualizar las posibles lesiones y poder realizar biopsias y resección directa durante el mismo procedimiento.
  • Enema de bario de doble contraste: es un método de exploración con rayos X, que permite visualizar el interior del colon más distal (ampolla rectal, sigma y colon descendente), mediante la introducción por vía rectal de un contraste radiopaco (generalmente de bario), realizándose una radiografía de la zona, en la que se objetivan defectos en la estructura de la pared interna del recto. Para conseguir mejores imágenes, se puede utilizar aire también.
  • Tomografía axial computerizada (TAC): es una exploración de rayos X que produce imágenes detalladas en cortes axiales del cuerpo. Se utiliza como estudio de extensión y para completar el estudio pélvico a la hora de visualizar posibles adenopatías o afectación a distancia de la enfermedad.
  • Resonancia magnética abdómino-pélvica (RM): Es una técnica de diagnóstico por imagen que utiliza el magnetismo de los núcleos atómicos de la materia (tejidos, órganos, huesos, etc.) captado por microimanes. Esta “señal” es traducida en imágenes muy precisas, con reconstrucción bi o tridimensional. El objetivo de este estudio es delimitar por imagen la forma de la lesión y la posible afectación de los órganos vecinos, así como la existencia o no de adenopatías.
  • Ecografía endorrectal: es una técnica ecográfica que se realiza a través del recto, para visualizar las lesiones rectales, muy utilizada en los estudios preoperatorios.
  • Otras pruebas complementarias como el PET-TAC, proporcionan información no sólo anatómica sino funcional de las lesiones.

 

Diagnóstico Precoz

La determinación de sangre oculta en heces, con frecuencia anual, ha demostrado ser eficaz en el diagnóstico precoz, aunque la prueba más eficaz para el diagnóstico certero es la colonoscopia. Existen otras pruebas como la sigmoidoscopia y el enema de bario de doble contraste que podrían proporcionar información en las lesiones más distales o mayores de un centímetro.

Por tanto, se recomienda que en individuos asintomáticos a partir de los 50 años, se realice una determinación de sangre oculta en heces con frecuencia anual y, si ésta fuera positiva, se recomienda realizar colonoscopia o enema de bario de doble contraste y sigmoidoscopia. O bien realizar sigmoidoscopia cada 5 años o colonoscopia cada 10 años.

En aquellos individuos con historia familiar de adenomas o cáncer colorrectal, en función del número y grado de parentescos familiares, deberán completar el estudio de cribado mediante colonoscopia, detección de sangre en heces, sigmoidoscopia y/o enema de bario, en función de las recomendaciones de su médico, a partir de los 40 años. Los individuos de alto riesgo por ser portadores de síndromes hereditarios deberán seguir las recomendaciones de su médico, comenzando estos controles a una edad más temprana.