Mindfulness: meditar para estar aquí y ahora

Mindfulness: meditar para estar aquí y ahora

Cuando te diagnostican un cáncer se suelen desencadenan en la mente del paciente una cascada de sentimientos y emociones recurrentes que terminan calando en su estado de ánimo. Pueden aparecer unos pensamientos negativos que no dejan ver con perspectiva la situación real. ¿Y cómo podemos dejar de entrar en ese bucle de emociones y pensamientos negativos? A través del mindfulness, un tipo de meditación que permite tomar conciencia del momento presente, del aquí y ahora, y con el que podemos mejorar nuestro bienestar psicológico.

El mindfulness es una poderosa herramienta que nos permite trabajar sobre dos habilidades psicológicas importantes: vivir en el momento presente sin prejuicios, y estar abiertos a las circunstancias cambiantes, tanto internas como externas. No se trata tanto de intentar cambiar o evitar todo aquello que no nos gusta y nos causa malestar, como aprender a relacionarnos con esa realidad de una forma nueva en la que deja de dirigir nuestro “piloto automático” y tomamos la conciencia de lo que estamos viviendo para integrarlo en lo que pienso, siento y hago.

¿Qué aspectos psicológicos se pueden mejorar con la práctica del Mindfulness?

 

  • Aprender a responder, en vez de reaccionar a los acontecimientos o las demandas del entorno. Enfatizar la capacidad de “parar y ver antes de actuar” y dar una respuesta adecuada.
  • Observar los hábitos de la mente como generadores de estrés, ansiedad y conflicto, y mejorar la forma en que gestionamos las emociones en nuestra vida cotidiana y ante situaciones complejas.
  • Ser conscientes de la interacción entre la mente y el cuerpo, y su influencia en los procesos de la salud y el bienestar psicológico.
  • Recuperar la presencia y el disfrute de las experiencias desde estar presentes en el aquí y ahora; alcanzar un estado de bienestar y sentimiento de plenitud.
  • Mejorar la atención, la concentración y la toma de decisiones.
  • Mejorar la calidad de nuestras relaciones con nosotros mismos, con las personas que nos rodean y con el mundo que nos ha tocado vivir.

En realidad, esta forma de meditación es beneficiosa para todos, pero puede ayudar especialmente a los pacientes con cáncer. Gracias al mindfulness, los pacientes pueden restablecer el contacto con su cuerpo, tomar conciencia de las sensaciones corporales y ser más amables consigo mismos a lo largo del proceso de la enfermedad. Pero todo aprendizaje requiere unas actitudes y cualidades.

¿Qué es necesario para realizar este tipo de meditación?

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1. No enjuiciar o más bien, darnos cuenta de los juicios que constantemente estamos haciendo mentalmente, y «soltarlos» para observar la realidad sin esos esquemas valorativos condicionados.
2. Paciencia: permitir que las cosas ocurran a su ritmo. Estar dispuesto a permanecer presente en lo que está ocurriendo en el momento.
3. Mente de principiante: implica tener una mirada fresca hacia cada experiencia, como si la viviéramos por primera vez, captando lo que de único tiene cada momento.
4. Confianza: en uno mismo y en la sabiduría y bondad profundas que se revelan cuando paramos y atendemos en silencio y con calma.
5. No luchar ni competir: implica desprenderse del hábito de intentar cambiar las cosas que van sucediéndose en nuestra conciencia. Por ejemplo, si surge aburrimiento, dolor o sueño, se acoge sin forcejeo y se observa la experiencia. Implica también aceptar que cada meditación es distinta y que los ritmos son los que son en nuestro entrenamiento.
6. La aceptación: conlleva ver las cosas tal como son, sin pretender que ahora sean de otra manera. Lo que no tiene que significar que nos agraden o que no estemos dispuestos a vivir las transformaciones y cambios que se producen en la realidad. Aceptar en este contexto es estar abierto a ver lo que es en este momento, sin rechazo, represión, ni negación.
7. Dejar pasar o soltar: implica desaferrarse quedar libres y abiertos al cambio constante de la realidad. Supone permitir que la experiencia sea la que es, y simplemente poner atención en ella sin apego ni rechazo, observando cómo al no aferrarnos y soltar la experiencia o el fenómeno, ya cambia.

IMOncology FUNDACIÓN organiza el Programa de Mindfulness: Aprende a centrar tu atención en el momento presente, que se desarrollará durante ocho semanas (de Marzo a Mayo), a cargo de la psico-oncóloga Marisol González.
Más información en Escuela de Pacientes de IMOncology FUNDACIÓN.

¿Cómo puede ayudar el yoga durante el tratamiento oncológico?

El yoga es una actividad de intensidad suave que fortalece el cuerpo y la mente a través de la respiración y la meditación. Gracias a la práctica del yoga se mejora la forma física, fortaleciendo los músculos y los huesos, y mejorando la flexibilidad y el equilibro.

El yoga ayuda a controlar los sentimientos de miedo, desesperanza o impotencia, y ofrece las herramientas necesarias para afrontar el tratamiento con una actitud más positiva porque  sabemos que los tratamientos oncológicos debilitan y producen mucho cansancio. La falta de actividad física potencia la sensación de agotamiento por eso realizar ejercicio físico durante esta etapa de forma regular permite aliviar y mejorar algunos de los síntomas. Eso sí, es necesario ser constante y realizarlo de modo habitual.

Así te beneficia el Yoga

La calidad de vida puede mejorar mucho con la práctica de esta disciplina, tanto desde un punto de visita físico como emocional. 

  • Fortalece los músculos y aumenta la flexibilidad
  • Desintoxica
  • Reduce el estrés y la ansiedad
  • Alivia la fatiga
  • Favorece la autoestima
  • Mejora la concentración
  • Se duerme mejor
  •  Reduce el cansancio
  • Ofrece beneficios a nivel inmunológico
  • Y permite compartir momentos con gente que pasa por la misma situación

 

Taller gratuito

Si quieres conocer más detalles, te proponemos que nos acompañes en las sesiones que  vamos a celebrar próximamente. Durante el mes de Febrero realizamos en Madrid un taller de yoga para pacientes en colaboración con el Gimnasio Shape Up,  repartido en 4 sesiones de una hora de duración los días 2, 9, 16 y 23 de Febrero.

Datos de contacto:

Gimnasio Shape Up
C/ Paseo de la Habana 137
Tlf: + (34) 91 515 20 00
fundacion@imoncology.com
rita.fernandez@imoncology.com

 

Aquí podéis ver un avance del programa de ejercicio físico para pacientes oncológicos I Fit Good impartido en el Gimnasio Shape Up.

 

Musicoterapia, un modo diferente de motivarse

Si nos vamos a la definición que hace de ella la Real Academia Española de la lengua leemos: “Musicoterapia: empleo de la música con fines terapéuticos, por lo general psicológicos”. Y es que desde sus inicios la música es un medio de expresión y comunicación no verbal, que influye en el estado de ánimo y en la motivación de las personas. Esta capacidad de generar nuevas energías en el interior del ser humano es lo que lleva al músico-terapeuta a utilizarla para crear respuestas más positivas en personas con situaciones complicadas.

En las sesiones de musicoterapia, se emplean instrumentos musicales, música editada, grabaciones, sonidos corporales, la voz y otros materiales sonoros. Y la terapia musical es siempre diferente, dependiendo del grupo o la persona a la que vaya dirigida. Se puede recurrir a la improvisación, cuando la persona crea su propia música cantando o tocando un instrumento, a la re-creación, cantando una canción o tocando una pieza musical ya compuesta, a la composición de un tema sobre una base de estructuras musicales o a la escucha de música grabada o en vivo, entre otras posibles actividades.

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“Una sesión mágica”

Con la música como hilo conductor y de la mano de Javier Alcántara (músico-terapeuta) se ha realizado en IMOncology Talavera una sesión de musicoterapia de la mano de la Escuela de Pacientes y en colaboración con Fundación Diversión Solidaria. Según explican desde Diversión Solidaria “ha sido una sesión mágica. En ella hemos cantado, reído, llorado… pero sobre todo, Javier nos ha propuesto diferentes dinámicas en las que a través de diferentes instrumentos, hemos hablado de emociones y de sentimientos. Muchas de las participantes han expresado lo bien que se han sentido con esta experiencia, porque han podido olvidarse durante dos horas de “todo” y porque se han sentido “acompañadas”. Algunas de las asistentes – nos cuentan desde Fundación Diversión Solidaria- comentaban que salían felices porque han comprendido que no estaban solas.

Fundación Diversión Solidaria se caracteriza por crear y entregar sonrisas, emociones positivas y diversión, como forma de terapia complementaria a las personas que más lo necesitan con el objetivo de mejorar su ciclo vital y ayudarles a afrontar las dificultades. La Escuela de Pacientes comparte estos ideales y por eso realiza, de forma periódica, estas actividades en colaboración con Diversión Solidaria, además de los talleres propios de IMOncology Fundación de contenido psicoeducativo, dirigidos a manejar mejor la ansiedad y mejorar el estado de ánimo, entre otros.

Piel bien hidratada durante el tratamiento

La piel requiere cuidados diarios para permanecer elástica, sana y suave. Protegerla del sol, hidratarla bien y limpiarla con un jabón suave son algunas de las claves. Pero, ¿qué ocurre cuando se comienza un tratamiento oncológico? Pues que hay que ser especialmente delicados y constantes con estos cuidados básicos, ya que la piel se vuelve mucho más sensible durante este periodo.

La mayoría de las personas tratadas con quimioterapia notan sequedad cutánea. La razón se encuentra en los fármacos utilizados que aceleran la renovación de la piel, provocando como consecuencia una dermis seca y agrietada. También puede suceder en las áreas de piel sometidas a la acción de la radioterapia. En ambos casos es  lo que se conoce como xerosis cutánea. En este estado cualquier roce o producto (incluidos los que se han usado siempre) pueden provocar enrojecimiento, alergias, descamación y heridas.

Cómo tratar la piel

En primer lugar es necesaria una hidratación suplementaria, a base de cremas emolientes  o que incorporen componentes que refuercen la barrera hidrolipídica (película a base de agua y grasa que protege la piel de bacterias y hongos). La higiene en estos casos es muy importante porque de ello depende, en buena parte, la absorción de los productos hidratantes que se apliquen.

Los productos que se usen han de ser lo más suaves y neutros posibles, con la mínima cantidad de detergentes y , a ser posible, sin perfumes, ni colorantes, ni conservantes. Por otro lado, es fundamental no descuidar la hidratación interna, bebiendo suficiente líquido en forma de agua, zumos naturales o infusiones

Senior woman drinks water from a bottle outdoors. Blue sky in the background. Low camera angle

Además se ha de tener mucho cuidado, en la ducha o en el baño, de no frotar la piel con cepillos o esponjas, secarla con suavidad y, por supuesto, no exfoliarla. 

Por otro lado es importante evitar todo aquello que favorezca su irritación, como:

  • Los masajes corporales (a menos que se realicen bajo prescripción médica).
  • Los drenajes linfáticos, salvo en el caso especial del linfedema.
  • Las limpiezas de cutis habituales, aunque sí se pueden hacer tratamientos de oxigenación de la piel, realizados por un especialista.
  • Cualquier tipo de roce debido a ropa ajustada, gomas de ropa interior, relojes, pulseras, brazaletes, etc.

Nuestra Escuela de Pacientes organiza, en colaboración con el Laboratorio Dermatológico La Roche-Posay, unos talleres sobre la Importancia de la Hidratación y el Cuidado de la Piel durante el Tratamiento.

Se realizarán el:

 

¿Sabes qué es el linfedema?

La hinchazón o la pesadez son algunos de sus síntomas. Se trata de uno de los efectos secundarios más habituales cuando, en el trascurso del tratamiento oncológico, es necesario extirpar ganglios linfáticos y/o recibir radioterapia. Afortunadamente, es posible anticiparse a su aparición. ¿Cómo? Conociendo sus síntomas, lo que permitirá acudir de forma precoz al profesional adecuado (fisioterapeuta y/o médico especialista) y aplicando algunas pautas de prevención relacionadas con sus factores de riesgo, entre los cuales se encuentran el sobrepeso y la obesidad como los más influyentes.

El linfedema aparece cuando los vasos y colectores linfáticos de la zona intervenida quirúrgicamente dejan de reabsorber y evacuar el líquido linfático o linfa,  produciéndose entonces  una acumulación anormal de este líquido en el área operada, denominada linfedema. Cuando aparece, se trata de un trastorno crónico y progresivo que NO todas las mujeres intervenidas de cáncer de mama a las que se les extirpa los ganglios linfáticos axilares, padecen. Los signos y síntomas más característicos son la pesadez y la hinchazón de la parte del cuerpo que ha sido intervenida.

Así se previene linfedema

Conocer bien sus causas y sus síntomas es el mejor modo de prevenirlo. María Torres Lacomba, profesora titular de la Facultad de Fisioterapia de la Universidad de Alcalá y directora del grupo de investigación “Fisioterapia en los procesos de salud de la mujer”   que defiende la importancia de explicar a los pacientes por qué puede aparecer el linfedema, cuáles son los factores que pueden desencadenarlo sobre los que podemos actuar y qué se puede hacer para prevenirlo; o si ya ha aparecido, qué se puede hacer para que no se agrave.

María Torres ha impartido recientemente un taller sobre prevención del linfedema en IMOncology Talavera de la Reina, organizado por la Escuela de Pacientes. En él ha podido explicar con detalle cuáles son las pautas más adecuadas para prevenir su aparición.“Estos talleres son de gran utilidad ya que dan la oportunidad a las personas afectadas de informarse bien sobre este trastorno. A ellos suelen acudir mujeres preocupadas por esta dolencia que generalmente no la han desarrollado, pero que están concienciadas con su salud y su bienestar después de un cáncer de mama”, comenta Torres Lacomba.

Algunas de las medidas que ayudan a prevenirlo, o a evitar su empeoramiento cuando ya ha aparecido, son:

  • Practicar ejercicio físico de forma rutinaria de forma que se evite el sobrepeso
  • Evitar cualquier fuente de obstrucción de la zona. Por ejemplo, evitar que los complementos que se lleven en la zona (seno/tórax y extremidad superior (brazo) del lado operado) la aprieten “obstruyéndola”; pulseras, relojes o anillos apretados, o ropa excesivamente ajustada (contorno del sujetador demasiado apretado, manga que comprima excesivamente la zona de la axila o cualquier zona del brazo), o toma de tensión arterial en ese brazo, etc.
  • Evitar calor o frio excesivos que puedan aumentar “la circulación” en la zona o que puedan producir quemaduras

 

Portrait of fitness woman stretching arms in the park. Caucasian female working out in the morning.

Cuidado con las infecciones

El sistema linfático* no solo es el encargado, junto con el sistema venoso, de drenar líquido desde los tejidos a través de todo el cuerpo, sino que permite que células del sistema inmunológico viajen hasta donde sean necesarias. En este sentido, la extirpación de ganglios linfáticos puede producir un “déficit inmunológico” de la zona de influencia de esos ganglios (por ejemplo, en el caso de los ganglios linfáticos axilares derechos, de la extremidad (brazo) y pecho/tórax derechos) por lo que hay que tener especial cuidado en esas zonas para evitar posibles infecciones, por ejemplo:

  • Cuidar y nutrir bien la piel para evitar grietas que puedan facilitar la entrada de bacterias
  • Desinfectar cualquier herida en la zona por pequeña que sea
  • Y si, aún así, aparecen síntomas de infección acudir al médico con rapidez  para que prescriba el tratamiento adecuado.

Los  síntomas de que puede haber infección son:

  • Enrojecimiento de la piel de la zona (brazo y/o tórax)
  • Dolor intenso en la zona
  • Aumento repentino de volumen
  • Fiebre

 

*Sistema Linfático: Se trata de una red de tejidos y órganos, formada principalmente por la linfa, un líquido que contiene glóbulos blancos que defienden al cuerpo de los gérmenes, y los vasos linfáticos, vasos que transportan la linfa por todo el cuerpo y son distintos a los vasos sanguíneos.

¡Atrévete! Retoma tu vida sexual

Ante el diagnóstico y el tratamiento oncológico no todo el mundo reacciona igual y esto incluye también el aspecto sexual. Lo más habitual es que sea necesario un proceso de adaptación, tanto físico como mental, que se aplica también al modo en que mantenemos nuestras relaciones sexuales durante la enfermedad y después.

Existen numerosos estudios que demuestran lo importante que es para el paciente resolver los conflictos que aparecen en sus relaciones sexuales y que existe un claro vínculo entre calidad de vida y vida sexual satisfactoria. Sin embargo “es una de las dificultades que menos se tratan en las consultas de oncología. Suele ser un tema tabú que no se aborda y que no se suele consultar por iniciativa propia”, comenta Carmen Yelámos, Directora de IMOncology Fundación y Psico-Oncóloga.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes?

Los tratamientos oncológicos pueden dañar la respuesta sexual al afectar a emociones, al sistema nervioso o directamente a las zonas genitales. Hablando en términos generales, hasta el 50% de las mujeres sufren disfunciones sexuales como resultado de los tratamientos del cáncer ginecológico. En los hombres, la disfunción eréctil es frecuente tras una cirugía radical. Los problemas de erección son mucho menores cuando se aplica braquiterapia o radiación interna. Sin embargo, el problema más frecuente en ambos sexos es la falta de deseo sexual.

¿Qué se puede hacer?

Existen muchos modos de afrontar esta situación (psicológicos, farmacológicos, médicos…), pero hay un factor común para conseguir buenos resultados: informarse bien. No hay que tener miedo a preguntar y, desde luego, no dejarse llevar por leyendas urbanas o mitos sobre sexualidad. “La sexualidad es una necesidad humana básica, como comer, respirar o beber -explica Carmen Yélamos- por eso aunque disminuya el interés temporal por el coito en sí, siempre se mantiene el deseo de proximidad y contacto físico”. Por eso satisfacerlo mejora la calidad de vida de las personas.

5 claves para encenderse de nuevo

1. Evita la “evitación”

Toma la iniciativa, planifica tu “agenda” sexual, pide lo que necesitas y no dejes de hacer las cosas que si puedes seguir haciendo. Sin miedos y sin agobios, los problemas de uno en uno y despacito. Puede que las primeras veces no resulten como esperabas, pero igual que aprendiste a disfrutar del sexo al comenzar a ser sexualmente activo, también puedes aprender a sentir placer tras la enfermedad y los tratamientos.

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2. Alarga los preámbulos

Dedica tiempo a los abrazos, besos y caricias antes de la penetración, aunque tampoco te obsesiones si esta no se produce. La clave está es dejar las prisas a un lado y concentrarse en sentir cada caricia, cada susurro, cada contacto… eso también son relaciones sexuales.

3. Cuida los detalles

No a todos nos gustan las cenas con velas así que busca aquello que te resulta sugerente a ti (o a tu pareja). Perfumes, olores sensuales, música de fondo, luces tenues (o no)… crea el entorno más tentador para ti. Sobre gustos no hay nada escrito.

4. Innova y fantasea

Procura mantener una mente abierta sobre las formas en que se siente placer sexual. Fantasear es parte de la vida erótica y aumenta el deseo, clave a la hora de iniciar el contacto con otra persona. Es una oportunidad para encontrar nuevas formas de dar y recibir placer. Lubricantes vaginales, vibradores, aceites y cremas corporales para darse un masaje, películas o literatura erótica… no te cierres a nada que pueda enriquecer tu vida sexual.

5. Busca la mejor postura para ti

Existen posturas que pueden resultar incómodas después de algunos tratamientos o cirugías, o sencillamente que dejar ver demasiado esa cicatriz que tan poco nos gusta. Coloca almohadas o cojines para reposar esas zonas doloridas, ve poco a poco descubriendo en que postura te sientes a gusto, si prefieres con luz o sin ella, vestidos o tapados…. Y elige también el mejor momento del día para ti, en el que estés menos cansado o molesto.

Pregunta, infórmate, no te cierres y no des nada por supuesto, la sexualidad es una necesidad importante y satisfacerla mejora la calidad de vida durante y después del tratamiento oncológico.