Día Mundial Sin Tabaco

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La risa ha sido mi mejor tratamiento frente al cáncer

La risa ha sido mi mejor tratamiento frente al cáncer

Acababa de terminar mi última sesión de quimioterapia y en mi interior se entremezclaban emociones muy dispares: alivio, miedo, alegría… No sé, supongo que a todos los que habéis pasado por el cáncer sabréis a lo que me refiero. Y en medio de este torbellino emocional me llegó la información sobre la celebración de un taller de risoterapia. Si os soy sincera jamás me hubiese llamado la atención antes de mi enfermedad. Pero ahora intento vivir plenamente el presente y no renunciar a nada que pueda complacerme. Antes no tenía esta actitud, la de darme caprichos, sin embargo ahora no dejo pasar estas pequeñas oportunidades que la vida me va poniendo delante.

IMOncology FUNDACIÓN me invitaba a un taller donde la risa, de la que casi me había olvidado, iba a ser la protagonista. Me llamó la atención y -sin pensarlo dos veces- me apunté.

Recuerdo que cuando llegué al lugar donde me habían citado, sentí miedo y vergüenza al mismo tiempo. No tenía ni idea de en qué iba a consistir el taller, ni lo que iba a tener qué hacer, pero la idea de dejarme llevar me ilusionaba como a una niña pequeña. Cuando entré en la sala me reconocí en muchas personas que se encontraban allí y me sentí aliviada. Sin embargo, cuando el profesor comenzó a darnos las primeras pautas entré en pánico. Me decía:¿cómo voy a comportarme así ante los demás?. Ese prejuicio desapareció y me asaltó otra vez la sensación que me impulsó a acudir al taller, la de dejarme llevar.

Las risas de mis compañeros me envolvieron y dejó de importarme si mi pose era ridícula. De pronto, me vi haciendo lo que nunca en mi vida hubiese hecho, lanzarme al vacío y no dar importancia al qué dirán. En medio de aquella clase de risas y buen rollo, estaba sólo yo y aquel momento. Viví el presente y no quería marcharme de él. Creo que sin darme cuenta había dejado en la puerta de aquella sala todo lo que llevaba ocupando mi pensamiento y me atormentaba. Dije adiós, sin ofrecer resistencia, al miedo a la enfermedad, al dolor y al futuro.

Agradeceré siempre a los organizadores de este taller, IMOncology FUNDACIÓN y Fundación Diversión Solidaria, y a Ricardo, el profesor, las dos horas en las que me liberé, me convertí otra vez en una niña que sólo quería jugar, que rebosó imaginación y creatividad. De repente, imitar o hablar en otro lenguaje para provocar la risa eran ejercicios fáciles y apetecibles. Es verdad que cuando creces y te conviertes en adulto pierdes el deseo de disfrutar así, y ese día me sentí plena. Por momentos, así merece la pena vivir y luchar.

Nada más ser diagnosticada decidí que la enfermedad iba a ser mi secreto. Manifesté mi deseo a todos los que me querían de no hablar del tema. Y a pesar de ello, este taller me hizo compartir más que si hubiese contado a los cuatro vientos lo que me estaba sucediendo.

Me sentí muy próxima a todos los compañeros, sentí que no era diferente, que formaba parte de un grupo de personas especiales que sólo pretenden vivir en plenitud y con alegría. Sus risas compartidas me dieron una fuerza increíble. Al terminar el taller reconocí que había dejado allí las emociones negativas con las que me he llegado a castigar durante meses. Me sentí tranquila, afortunada y satisfecha.

No soy muy amiga de dar consejos, pero estoy más decidida a dirigirme a quiénes como yo han pasado por esta enfermedad. Les diría que no dejaran pasar la oportunidad de vivir el presente y de compartirlo, les diría que cualquier actividad gratificante puede ayudarte, como hizo conmigo este taller de risoterapia.

Firmado:

María, asistente al Taller de Risoterapia de Madrid.

Si lo hubiese sabido antes

El cuerpo nos pone en aviso, nos da señales a las que nos prestamos atención. Intuimos que algo no va bien, pero el día a día, el trabajo, la familia… sólo nos permiten prestar atención a cosas que no tienen la menor importancia. Ahora, tras superar el diagnóstico de cáncer de ovario, me doy cuenta de todas las señales que estaba recibiendo.

El 24 de octubre de 2014 fue un día difícil, recibí la noticia de mi diagnóstico. Hasta ese día no había dejado de tener síntomas. Durante los meses de julio y agosto tenía un dolor de tripa que iba y venía, y en septiembre este dolor fue a más. ¿Cómo no me daba cuenta?. Es la pregunta que todavía me hago. Acudí a la consulta del médico de cabecera que me indicó que tenía que realizarme una ecografía abdominal y una analítica de sangre. El resultado de estas pruebas no dio pistas de lo que me estaba ocurriendo, pero los síntomas aumentaban. Sentía un cansancio que achaqué al volumen de trabajo del que me tenía que hacer cargo por aquellos días, perdí apetito y peso. Pese a todo lo que me ocurría no se me pasó por la cabeza que lo que tenía era cáncer. Me decía: ¡si el cáncer no duele! 

Y llegó un momento en el que todo se desbordó, el dolor era tan agudo que me impedía hacer vida normal. De esos instantes conservo en mi mente una imagen, el volumen de mi tripa, nunca la había tenido tan inflamada. Ahora todos los síntomas encajan, pero entonces un enemigo silencioso me estaba rondando y no lo sabía. Claro que pude darme cuenta pero no lo hice, claro que debí acudir antes el ginecólogo, llevaba tres años sin hacerme ningún tipo de revisiones, claro que un dolor así no debe dejarse tanto tiempo, pero me ocurrió. Incluso, me encontraba muy deprimida, noté un cambio en mi estado de ánimo que no entendía.

Este domingo, 8 de mayo se celebra el Día Mundial del Cáncer de Ovario, y creo que la mejor manera de conmemorar esta fecha es la de reclamar mayor visibilidad sobre esta enfermedad. ¿Qué sabía yo antes sobre el cáncer de ovario y sus síntomas?. Nada. Quizás si hubiese estado más informada mi situación hubiese sido mejor, no lo sé. El cáncer de ovario no avisa, y como en mi caso en un estadio avanzado, suele llegarse tarde a su detección. Aunque, insisto reconocer los signos de alerta puede ser de gran ayuda para las mujeres, que estamos concienciadas sobre la detección precoz del cáncer de mama.

Tras una cirugía, seis ciclos de quimioterapia y otro tratamiento de seis meses con un fármaco de terapia dirigida, han logrado controlar el tumor. Durante las seis horas que duraba cada sesión de quimioterapia en mi mente sólo daba cabida a un pensamiento: curarme. Alejaba otros pensamientos negativos como que se me caería el pelo o que me iba a encontrar hecha polvo. Considero que es la mejor actitud para enfrentarse a una enfermedad que te golpea duro cuando aparece, además de confiar en los médicos y ponerse en sus manos.

Este domingo voy a celebrar este Día, pidiendo a la sociedad que se implique más en la concienciación y prevención del cáncer de ovario y deseando que muy pronto haya más vías de tratamiento que nos permitan superarla.

-Foto Susana Galmes 2

Susana Galmes, paciente de cáncer de ovario

La salvación es una actitud

Superar el cáncer, salvarse es una actitud que se inicia en un pensamiento y continúa con una acción. Mi historia comienza en el momento en el que me detectaron un cáncer justo unos meses después de que mi madre hubiera terminado con su tratamiento de quimioterapia, después de sobrevivir ambas a la reciente muerte de mi padre por derrame cerebral y de mi única hermana por metástasis cerebral y pulmonar. Tan sólo habían pasado tres años de esas desgracias.

Entre tantas batallas jamás me imagine que era yo la siguiente en el turno. Cuando me lo detectaron, un sentimiento de rabia, impotencia y desesperación me envolvió la mente. Pasé varias semanas de incertidumbre en las que recuerdo que todos los resultados que iban saliendo despuntaban hacia algo peor de lo que en un momento me habían detectado. Entré en una vorágine de pensamientos que me iban succionando hacia el pesimismo más absoluto, hasta llegar a pensar que mi final sería tan trágico como el de mi hermana. A veces incluso aceptaba que eso fuera lo mejor que podía pasarme pues no había superado esa traumática muerte de mi única hermana, a la que estaba tan unida, y me recreaba en ese final viendo en él la posibilidad de reencontrarme con ella. Hubo un acopio de buenas intenciones a mí alrededor por parte de todos que me envolvían a cada llamada de teléfono con historias ajenas de superación ante dramas iguales o peores a los míos, pero lejos de consolarme se me antojaban tan ajenas a mi causa (que creía era única e irrepetible) como incomprensibles. Buscaba desesperadamente una puerta abierta a la esperanza, a esa dicha de estar sano y salvo que no sabía cómo había perdido así, tan de repente, como si de una pesadilla se tratara, y precisamente en ese momento que tan sumergida estaba luchando en otros frentes. El tiempo pasaba muy lentamente y con una carga de incertidumbre que desesperaba, mientras las noticias se iban haciendo más difíciles de digerir, yo seguía buscando desesperadamente algo, sin saber el qué… Tal vez algo que me dijera “estás salvada. Todo ha sido un mal sueño”. Emprendí una nueva lucha, concatenada a las que ya tenía, por encontrar ese algo que me salvara; lo buscaba en mi oncólogo, en mi familia, en mis amigos, en mi religión y en todo tipo de libros sobre cáncer y terapias oncológicas y psicológicas que caían en mis manos; escudriñando casos parecidos al mío para obtener respuestas inmediatas. Lo buscaba en todo tipo de propuestas de todos los sitios posibles que me salieran al paso y me sonaran a salvación. Hasta que poco a poco sin casi darme cuenta tras cada batalla en el quirófano, tras cada sesión de quimioterapia, tras esos pequeños momentos en que uno sabe que está echando su último pulso con la vida, mis ojos fueron perdiendo la venda que los tapaba hasta desvelar dónde estaba ese algo que me empujaba a salvarme.

Con cada operación, con cada dolor, con cada recuperación, con cada sesión de quimioterapia, con cada avance, con cada retroceso, mi cuerpo luchaba con todas sus fuerzas para salir adelante, y a cada pequeño triunfo, mi mente se hacía más fuerte, más luchadora, más SALVADORA… Recordaba a mi oncólogo en su primera consulta informándome sobre los efectos secundarios que tendría mi tratamiento y las estadísticas de vida estimables, recuerdo a mis allegados contándome los casos conocidos de salvación y superación en personas luchadoras, recuerdo con algo más de dolor a todos aquellos que intentando darme ánimos y, sin casi saber muy bien lo que decían, terminaban con mi escasa paciencia al contarme los detalles más crueles de esta enfermedad que nunca hubiera querido sentir como mía. A todos ellos se lo agradezco en el alma, pero conmigo sus estadísticas, sus predicciones, sus buenas intenciones no fueron todo lo ciertas que debieran pues rompí moldes, para sorpresa de todos, hasta de mí misma.

Pasé la quimioterapia sin bajar apenas el ritmo de mi vida, seguí estudiando, seguí nadando, seguí corriendo, seguí viviendo e implicándome con la vida con el mismo entusiasmo que yo había tenido siempre pero con un poco más de conciencia de lo que se disfrutaba haciéndolo y algo más de bastante esfuerzo para conseguirlo. Pero al fin logre saber dónde estaba la salvación. La salvación no era un lugar o una persona a donde ir para evadirse o en la que apoyarse para levantarse. La salvación era una actitud mía tan propia e individual como irrepetible e intransferible pero común a todos los valientes que han tenido que vencer alguna batalla en su vida para seguir viviendo y testimoniar dónde se debe de buscar la salvación: el hombre que se rinde, sólo conoce su miseria.

Aprovecho este testimonio para dar las gracias a las personas (oncólogos, psicólogos, familia y amigos) que me ayudaron a iniciar ese camino de búsqueda hacia la salvación, pues sin ese empujón tal vez ni siquiera lo hubiera intentado.

Inmaculada

Pau Dones crea conciencia frente al cáncer de colon

El cantante de Jarabe de Palo tiene cáncer de colon. Esta noticia corría rápidamente por las redes sociales con motivo del vídeo que el vocalista catalán colgaba. En él contaba que había sido intervenido y que había cancelado su gira de conciertos. Un mensaje con el que Pau ha contribuido en la lucha contra el cáncer y en la prevención del cáncer de colon.

Dones reconocía que los síntomas iniciales de su enfermedad fueron pequeñas molestias durante unos veinte días, “todo comenzó con un dolor de barriga”; una señal de alarma que llegó a tiempo “aunque casi por accidente”, como reconocía él mismo. Para el Dr. González Larriba, Director del Área de Oncología Médica de IMOncology, los síntomas más frecuentes, aunque dependen de la zona en la que se localice el tumor, “pueden ser desde dolor abdominal, emisión de sangre por las heces o trastornos en el ritmo intestinal. Si la fase es avanzada, puede haber pérdida de peso y trastornos digestivos; e incluso puede aparecer alguna lesión o masa”.

 

¿Cómo detectar el cáncer de colon?

 

El cáncer de colon y recto es el de mayor incidencia en España. La dieta, las pruebas de cribado y los últimos avances tecnológicos y científicos han permitido que la supervivencia de los pacientes con este tipo de tumor haya aumentado. “La detección precoz es un paso fundamental para la curación. En estadios iniciales, el cáncer de colon se puede curar con una probabilidad del 90- 95%”, determina el Dr. González Larriba.

Para este especialista es muy importante que la población participe en las pruebas de cribado de cáncer de colon como ocurre con otros tipos de tumores en los que ya es común la detección precoz mediante la realización de mamografías o citologías. “La técnica de hemorragia oculta en heces es la más sencilla y aunque cualquiera puede solicitar esta prueba, es imprescindible para el grupo de población de riesgo, formado por los mayores de 50 años, las personas con antecedentes familiares o aquellas con enfermedades inflamatorias del tubo digestivo. La colonoscopia es la prueba más efectiva ante la más mínima sospecha de la presencia de este tumor. Hay además otras pruebas como el escáner de alta resolución o las capsulas endoscópicas a utilizar para mayor especificidad”, afirma.

 

Seguir una dieta mediterránea

El abuso de grasas, carne roja o proteínas y el abandono de la verdura y las legumbres, es decir una alimentación no saludable, suele ser la causa principal, que no la única, del cáncer de colon. Por ello, es necesario insistir en tomar medidas que evite el avance del tumor con una alimentación basada en la dieta mediterránea que implica un estilo de vida caracterizado por un consumo equilibrado de productos naturales. Son básicas las frutas, verduras, legumbres, cereales, aceite de oliva como fuente de grasa, pescado, y en cantidades más moderadas, los huevos y las carnes de aves.

Una superviviente solidaria frente al cáncer

Ana es una superviviente de cáncer. Con tan sólo 28 años, le llegó la noticia de su diagnóstico de cáncer de mama. Entonces, y según sus propias palabras, “lo asumió como un reto”, y desde ese día no ha dejado de decirse a sí misma que podría pasar con nota esta “prueba” que le ponía la vida. Ahora su historia de superación forma parte de la red de apoyo curadosdecancer.com de IMOncology FUNDACIÓN.

Ana del Fraile durante el tratamiento Reconoce que también pensó que nunca recibiría un diagnóstico de cáncer y que vivía ajena a todo lo que significa y provoca esta palabra. Pero le ocurrió y comenzó a plantearse cómo quería vivir a partir de ese día. Esta mujer joven, esbelta y guapa, reconoce que ha pasado miedo, como todos. “Los primeros instantes fueron de evidente pánico y frustración. Pero luego todo ha ido para mejor”, asegura.

Como ocurre en muchos de los pacientes que superan un cáncer, cuando pasan los tratamientos, comienzas a reconstruir tu autoestima, a quererte más, a creer en tu fuerza y a valorar a tu entorno, familia y amigos. Esto es lo que le sucedió a Ana gracias sobre todo a una actitud positiva de afrontamiento frente a la adversidad que resume en una serie de consejos:

 

  • Buscar apoyo en el entorno y cuidar las relaciones afectivas.
  • Tratar de mantener un pensamiento positivo.
  • Contar lo que nos pasa.
  • Aprender sobre tus fortalezas.
  • Sentir que puedes controlar tu vida o tus circunstancias.
  • Cuidarse

Concienciada y solidaria

Ana del Fraile Campaña Día del Superviviente 2 Hoy, dice apreciar más las pequeñas cosas de la vida, el valor de la familia y de la amistad y acaba de emprender un camino: crear una asociación, We can be heroes, para ayudar a otras personas que como ella están pasando o han pasado por su misma experiencia. Pero la solidaridad de Ana no acaba ahí, en IMOncology FUNDACIÓN ha colaborado de manera desinteresada en las campañas organizadas con motivo del Día del Superviviente de Cáncer (link a video de campaña). Ha sido imagen y portavoz de mensajes de superación ante el reto del cáncer. Y antes, en pleno tratamiento, fue generosa dando a conocer su historia en el portal web curadosdecancer.com.

SOBRE CURADOS DE CÁNCER

El programa Curados de cáncer funciona en una plataforma online y sirve de punto de encuentro de los supervivientes de cáncer que comparten con otros pacientes recién diagnosticados sus experiencias de vida. En la actualidad 685 supervivientes y pacientes de cáncer han colgado su historia en este portal web. Además el programa ofrece información sobre la vida después del cáncer.